Mónaco con mártires

by I.G.

Parecíamos un conventículo de anabaptistas perseguidos por el rey. En torno a una mesa de formica, en sillas de hierro y gomaespuma sorbíamos té y escuchábamos a J.

Irlanda padece, decía. Se acerca el centenario de 1916, aquella revuelta tan lírica y tan breve cuyo aplastamiento brutal por el poder británico elevó a sus líderes hacia el martirio fundacional de la república. Crece en los sondeos la simpatía hacia el Sinn Féin, hacia los penúltimos del IRA, herederos, al menos en nombre, de la hermandad insurreccional de aquellos tiempos.

Galardonar con votos a los asesinos recientes sería una amputación espiritual. Y, si Gerry Adams preside el próximo gobierno de Dublín y Martin McGuinness gana en el trozo de Ulster que llaman Irlanda del Norte, sus victorias pueden agitar el corazón siempre temeroso- historia, dios, clima, dieta- del unionismo.

Nos incitaba J. a escribir en su nueva publicación, a sumarnos a una variedad de voces. La suya hablaba de socialdemocracia, de gobierno eficaz.

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Uno de los conspiradores preguntó sobre el formato, otro sobre la periodicidad. Se habló de modelos, de contenidos, J. adelantó su compromiso de pago. Honestidad lacerante de una nueva liga de los justos.

Pero Sinn Féin no asciende porque llega la cosecha de 1916 sino que, como Podemos o Siryza, es el único partido que se opone a la austeridad y no ha sido en su terrible inocencia manchado por ella. En Francia, Italia, Finlandia, Holanda o Reino Unido, el sistema también se quiebra. Y la Irlanda de la grúa quebró con un gobierno del Fianna Fáil (Reserva 1916) y de los Verdes, tan sonrojantes.

Mientras el capital busca su beneficio en un mercado planetario, facciones políticas de provincias quieren detener su avance inexorable con invocaciones a la vieja y maltrecha nación, a ideas que por su vaguedad alientan la ilusión de una seguridad perdida.

Irlanda, donde el impuesto de sociedades es el 12.5% para que las grandes empresas del planeta busquen otro refugio fiscal, donde el gobierno sectario del norte ha logrado en perfecta armonía la promesa de Londres de transferir ese impuesto para emular al del sur.

¿El Sinn Féin como unificador de una Mónaco con mártires? Es un viaje que exige su balada.