Gráfico de la semana

by I.G.

El gobernador del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, aterrizó esta semana en Edimburgo para explicar los asuntos técnicos que los políticos tendrían que tratar para cumplir el afán de los independentistas de mantener la libra esterlina como su moneda.

En el documento se incluye esta gráfica en la que se compara el porcentaje que los activos de los bancos con sede en un país tienen con respeto a su Producto Interior Bruto. En la serie se describe como rUK al resto de Reino Unido (es decir, sin Escocia)

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En la crisis financiera, uno de los dos grandes bancos escoceses, RBS (Royal Bank of Scotland), fue parcialmente nacionalizado. El otro, HBOS (Halifax Bank of Scotland), fue absorbido por Lloyds incitado por el Gobierno. Lloyds tuvo que ser parcialmente nacionalizado por las pérdidas de HBOS.

¿Qué hubiese hecho una Escocia independiente ante el descalabro de ambos bancos? Es una pregunta sobre el pasado. La pregunta del futuro es: ¿qué sistema de garantía de depósitos se puede diseñar para un sector bancario de tal dimensión dominado por dos bancos? Uno en el que un banco garantizaría los depósitos del otro.

A los independentistas les parece que el discurso de Carney es escrupulosamente tecnocrático. No se aleja de los principios, más vagos, del Libro Blanco del gobierno de Edimburgo.

Pero imaginar la negociación de una unión bancaria tras un voto sobre la independencia evoca el cálculo forense de John Kay. Londres intentaría extraer en tal negociación todos los beneficios suspuestamente alcanzados por la independencia. Pero la independencia a la que aspiran los independentistas no es tal, sino una confederación.